CARTOGRAFÍA
Autor: Roy Gómez
Sección: Narrativas lúdicas
Fecha de publicación: 2017-11-07
No. Dossier: 1
Pocas dudas quedan de que el circo en su registro contemporáneo experimenta una apertura artística histórica y una franca expansión global. En sólo tres décadas, comunidades circenses emergentes han encontrado lugares en el corazón de capitales urbanas y en sus periferias para practicar un circo hecho más a la medida. Hoy abunda el debate sobre si el circo contemporáneo se define a contrapelo del circo tradicional al acentuar la teatralidad, las líneas narrativas y coreográficas o si, al contrario, el circo debe reconocerse como forma artística autónoma e independiente de otras disciplinas como el teatro y la danza para lo cual habría que revalorizar las tradiciones circenses locales e itinerantes. A pesar de la controversia, el circo contemporáneo parece encontrar su motor de ser y hacer en la expresión de ideas y emociones complejas fuera de la lógica del espectáculo y el entretenimiento. Una partida del circo contemporáneo atesora la libertad de romper con actos y estereotipos acartonados para ceder espacio a la introspección y la auto-reflexión. Más aún, artistas del circo contemporáneo se alejan de la estructura tradicional del acto circense—breve, espectacular y con un crescendo final—bajo una búsqueda por composiciones poéticas, metafóricas y evocativas donde la técnica corporal no es un fin en sí mismo sino un medio de expresión. Así, el truco circense aparentemente pierde centralidad y valores expresivos como autenticidad, honestidad y vulnerabilidad toman mayor peso en el escenario. Pero si es verdad que el nuevo circo ofrece mayor libertad para encontrarse a sí mismo, ¿qué pasa cuando artistas circenses se embarcan en creaciones colectivas? ¿Cómo se negocia la auto-expresión y las visiones individuales cuando el acento esta puesto en crear colectivamente? En estos casos la dirección circense toma un papel central para mediar procesos artísticos y apuntalar esfuerzos conjuntos. Sin embargo, dentro del desarrollo incipiente del circo contemporáneo, el rol del director es todavía una figura opaca y diletante a la que quizás no se le ha otorgado el valor que podría tener, una situación que se ve reflejada en las pocas oportunidades de formación y capacitación profesional para directores circenses que hay tanto en México como en el extranjero.
En 2016 y 2017, tuve la oportunidad de observar dos procesos intensivos de creación colectiva y dos formas diametralmente distintas de abordar la dirección circense. Desde el 2015, la Compañía de danza y circo contemporáneo Femmes du Feu (Mújeres de Fuego) ha vertido grandes esfuerzos para producir Circus Sessions, un laboratorio creativo que invita a doce artistas a crear una pieza inédita de circo contemporáneo en el transcurso de una semana con el apoyo de un mentor reconocido. Todo esto sucede en la ciudad de Toronto en Canadá donde comunidades de circo contemporáneo trabajan desde hace más de una década para ofrecer una alternativa diferente al sector de circo establecido en Quebec donde la presencia de compañías circenses multinacionales, la Escuela Nacional de Circo en Montreal y diversos organismos sin fines de lucro han impulsado un desarrollo sin precedentes de las artes circenses. A diferencia de Quebec, el circo contemporáneo en Toronto cuenta con poco apoyo gubernamental para promover residencias artísticas y proyectos de creación o formación profesional. A pesar de estas dificultades, artistas y colectivos se han esforzado para encontrar caminos alternativos para crear el circo. En este contexto, Circus Sessions es una iniciativa importante dentro del desarrollo creativo e innovador del circo contemporáneo en Toronto.
Para la edición 2016 de Circus Sessions, la célebre artista de trapecio y clown, Adèll Nodé-Langlois ejerció la función de mentor mientras que Sean Gandini, renombrado malabarista, coreógrafo y director, dirigió la creación del 2017. El observar participativamente ambos procesos de creación me permitió atisbar los vericuetos y complicaciones del oficio de dirección circense que requiere simultáneamente abrir y cerrar procesos de colaboración para responder tanto a la necesidad de expresión interna de los artistas como a la presión externa de presentar la obra en público. En ambos casos, el tiempo tan breve para crear colectivamente ocasionó tensiones entre los participantes. Por ejemplo, algunos artistas experimentaron frustración al no comprender del todo hacia dónde se dirigía la obra artísticamente mientras que otros sintieron que sus ideas, habilidades o fortalezas no eran completamente puestas en acción aun si podían vislumbrar el sentido de la creación. Impresionantemente, ambos procesos concluyeron con performances prolíficos y cautivadores que demostraron el potencial de la colaboración artística y pusieron en relieve la importancia de la labor de dirección artística. Por supuesto, no es posible afirmar que las estrategias de dirección que tanto Adèll Nodé-Langlois como Sean Gandini desplegaron en su papel de mentores en Circus Sessions sean representativas del movimiento general de circo contemporáneo. Aun así, considero que es muy importante brindar atención a estos procesos de dirección artística para iluminar estrategias efectivas de colaboración creativa y canalizar esfuerzos de producción artística.
Como mentor, Adèll Nodé-Langlois puso en operación un modo de creación que aborda la obra artística como si fuera un ser vivo compuesto de elementos fundamentales como el cerebro, el esqueleto, músculos, piel o el corazón que funcionan en interdependencia para poder generar vida. Día a día, Adèll Nodé-Langlois propuso ejercicios para descubrir los elementos que, por ejemplo, dotaron a la obra de una estructura esquelética, de transiciones articulatorias o de estructuras musculares de soporte. Un momento crucial de este proceso fue engendrar el corazón de la obra. Para ello los artistas no utilizaron telas, trapecios o aparatos sino recuerdos, vivencias y experiencias profundamente íntimas, abrasivas y punzantes que compartieron con el grupo. En un acto profundo de empatía y confianza, tanto los artistas como Adèll Nodé-Langlois confiaron estos relatos al grupo transformando de fondo el sentido colectivo de crear circo. En cierta medida, el compartir estas experiencias los artistas crearon una plataforma para descubrirse a sí mismos no solamente a través de la exploración técnica sino también en la vulnerabilidad y la honestidad del otro. De esta manera, Adèll Nodé-Langlois propició crear una obra con vida propia que para algunos podría tener el aspecto bestial de un animal salvaje mientras que para otros presenta un rostro humano.
En Circus Sessions 2017, Sean Gandini trabajó como mentor para una tropa de 14 artistas provenientes de Canadá y los Estados Unidos. En contraste al año anterior, Sean Gandini planteó intencionalmente un enfoque frío y de desapego emocional para los procesos de creación buscando desnudar la estructura fundamental del acto circense para experimentar con ella y subvertirla. Hasta hoy, el acto circense constituye la unidad dramatúrgica prevaleciente que organiza y estructura la forma en que artistas circenses muestran sus habilidades en formato de trucos, es decir, de acciones que tienen sentido en sí mismas en virtud del grado de complejidad y dificultad en su ejecución. Siendo precursor en la hibridación entre danza y circo, Sean Gandini buscó desnaturalizar el sentido del truco circense replanteando el acto circense desde un enfoque coreográfico en el que las acciones encuentran sentido en su interrelación más que en el significado que evocan por sí mismas. Por ejemplo, Gandini animó a los artistas a deconstruir sus secuencias acrobáticas para encontrar un movimiento sencillo y ejecutarlo repetidamente. Acciones básicas como subir y bajar al trapecio, lanzar y atrapar una bola o saltar y plegar las rodillas se convirtieron en pequeñas unidades a las que se fue posible manipular el ritmo, la intensidad o su lugar en el espacio. La pieza final se fue constituyendo de forma casi matemática, marcando el número de repeticiones de cada pequeña pieza, combinándolas entre sí y ensamblándolas en unidades mayores. Al permitir una gran libertad para subvertir la forma tradicional del circo, Sean Gandini otorgó menos espacio para que los artistas expresaran sus emociones personales lo que ocasionó que algunos sintieran poca identificación con la obra y se percibieran más como objetos a manipular y menos como sujetos expresándose. Sin minimizar la importancia de cómo los artistas vivieron estos procesos creativos, el resultado de la obra fue fascinante al develar la estructura básica, fría y matemática operando tácitamente en el circo.
Los dos ejemplos de dirección circense que analizo en este texto no podrían agotar la infinidad de estrategias que un colectivo artístico puede inventar para crear circo hoy. Más aún, para muchos el espíritu del circo contemporáneo se manifiesta precisamente en el poder de reinventarse continuamente y de encontrar formas inéditas y creativas para ser y hacer arte. Creo firmemente que la dirección de circo debería ser parte fundamental de esta exploración.